martes, 28 de abril de 2009

Mensaje de Augusto Boal para el Día Mundial del Teatro (27 de Marzo de 2009)

Todas las sociedades humanas son espectaculares en su vida cotidiana y producen espectáculos en momentos especiales. Son espectaculares como forma de organización social y producen espectáculos como este que ustedes han venido a ver.
Aunque inconscientemente, las relaciones humanas se estructuran de forma teatral: el uso del espacio, el lenguaje del cuerpo, la elección de las palabras y la modulación de las voces, la confrontación de ideas y pasiones, todo lo que hacemos en el escenario lo hacemos siempre en nuestras vidas: ¡nosotros somos teatro!
No sólo las bodas y los funerales son espectáculos, también los rituales cotidianos que, por su familiaridad, no nos llegan a la consciencia. No sólo pompas, sino también el café de la mañana y los buenos días, los tímidos enamoramientos, los grandes conflictos pasionales, una sesión del Senado o una reunión diplomática; todo es teatro.
Una de las principales funciones de nuestro arte es hacer conscientes esos espectáculos de la vida diaria donde los actores son los propios espectadores y el escenario es la platea y la platea, escenario. Somos todos artistas: haciendo teatro, aprendemos a ver aquello que resalta a los ojos, pero que somos incapaces de ver al estar tan habituados a mirarlo. Lo que nos es familiar se convierte en invisible: hacer teatro, al contrario, ilumina el escenario de nuestra vida cotidiana.
En septiembre del año pasado fuimos sorprendidos por una revelación teatral: nosotros pensábamos que vivíamos en un mundo seguro, a pesar de las guerras, genocidios, hecatombes y torturas que estaban acaeciendo, sí, pero lejos de nosotros, en países distantes y salvajes. Nosotros que vivíamos seguros con nuestro dinero guardado en un banco respetable o en las manos de un honesto corredor de Bolsa, fuimos informados de que ese dinero no existía, era virtual, fea ficción de algunos economistas que no eran ficción, ni eran seguros, ni respetables. No pasaba de ser mal teatro con triste enredo, donde pocos ganaban mucho y muchos perdían todo. Políticos de los países ricos se encerraban en reuniones secretas y de ahí salían con soluciones mágicas. Nosotros, las víctimas de sus decisiones, continuábamos de espectadores sentados en la última fila de las gradas.
Veinte años atrás, yo dirigí Fedra de Racine, en Río de Janeiro. El escenario era pobre: en el suelo, pieles de vaca, alrededor, bambúes. Antes de comenzar el espectáculo, les decía a mis actores: “Ahora acaba la ficción que hacemos en el día a día. Cuando crucemos esos bambúes, allá en el escenario, ninguno de vosotros tiene el derecho de mentir. El Teatro es la Verdad Escondida.”
Viendo el mundo, además de las apariencias, vemos a opresores y oprimidos en todas las sociedades, etnias, géneros, clases y castas, vemos el mundo injusto y cruel. Tenemos la obligación de inventar otro mundo porque sabemos que otro mundo es posible. Pero nos incumbe a nosotros el construirlo con nuestras manos entrando en escena, en el escenario y en la vida.
Asistan al espectáculo que va a comenzar; después, en sus casas con sus amigos, hagan sus obras ustedes mismos y vean lo que jamás pudieron ver: aquello que salta a nuestros ojos. El teatro no puede ser solamente un evento, ¡es forma de vida!
Actores somos todos nosotros, el ciudadano no es aquel que vive en sociedad: ¡es aquel que
la transforma!

Traducción ARTEZ

viernes, 27 de febrero de 2009

AMANTES


Se amaban. No estaban solos en la tierra;
tenían la noche, sus vísperas azules,
sus celajes.

Vivían uno en el otro, se palpaban
como dos pétalos no abiertos en el fondo
de alguna flor del aire.

Se amaban. No estaban solos a la orilla
de su primera noche.
Y era la tierra la que se amaba en ellos,
el oro nocturno de sus vueltas,
la galaxia.

Ya no tendrían dos muertes. No iban a separarse.
Desnudos, asombrados, sus cuerpos se tendían
como hileras de luces en un largo aeropuerto
donde algo iba a llegar desde muy lejos,
no demasiado tarde.

Eugenio Montejo/Venezuela

miércoles, 31 de enero de 2007

LECCIÓN 1: JUÉGALE, APUÉSTALE

Primera y primordialmente, EL AMOR, siempre con mayúsculas, debe ser el norte que guíe nuestros pasos. Por encima de todo, y ante todo, porque lo ES TODO. En esto, todos, no creo que nadie me contradiga, estamos en absoluto acuerdo. Pero... aunque lo sabemos, somos como Santo Tomás: de "ver para creer", no basta la FE (esa mini palabra tan fuera de moda). Aunque nos lo diga alguien cercano (es necesario siempre que nos lo diga el otro, un otro cualquiera, más o menos cercano o lejano, el AMOR viste de harapos, de humildad, de silencios...) somos tercos en la fe u olvidadizos... es fundamental que nos lo recuerden, pues se nos olvida a diario... si no, el milagro siempre estaría presente, patente (¡y lo está...!). Contradictorio el AMOR, ¿verdad?.Si cada minuto, cada hora, cada día y momento se nos recordara la presencia y fuerza del AMOR, seguramente seríamos mejores, en todos los sentidos, y el mundo, advocado al Paraíso, lo sería y estaría aquí y ahora; así de simple...o complejo, que todo es relativo. Pero vuelve la contradicción: mientras más lo escuchamos, más nos lo machacan, más lo rechazamos, dudamos y hasta hartamos de EL... y desviamos la senda, perdemos la estrella, los astros todos, y se hace la noche oscura (aunque necesaria también esta noche, este túnel). En fin, la vida, esta vida que medio conocemos, es un sin fin y necesario proceso de afines y opuestos... ¿por qué, para qué? Sólo el AMOR mismo lo sabe y nos lo quiere hacer saber a nos, torpes e incrédulos mortales. Ese es el sentido, creo, del AMOR, de la Vida. AMOR es Vida. Vida plena. La vida es "entrenamiento" para el AMOR, un AMOR final, auténtico, muy superior y más gratificante que eso que mal llamamos amor (así con minúsculas esta vez). La meta no nos ha sido revelada aún, aunque sí sugerida, generación tras generación, desde los orígenes mismos, por hombres sabios, enviados para tal fin. Tú conoces a muchos, demasiados, cercanos y lejanos, en tiempo y espacio. Su mensaje está al alcance de todos; basta ceder, abrir las celosías del corazón, la mente, el espíritu y que cada díaa tratan de ser desprestigiadas y subvaloradas por algún ángel malo, oscuro... Bien, por hoy basta de tanto palique... Te regalo este aforismo de un gran conocedor del AMOR, Leo Buscaglia, que trato de seguir a pies juntillas y nos ayuda a detectar el verdadero AMOR:
"El AMOR auténtico siempre crea, nunca destruye. En esto radica la única promesa del hombre". ¿Sublime verdad?.