martes 8 de diciembre de 2009

Felices Fiestas...


martes 1 de diciembre de 2009

Día Mundial de la Lucha Contra el VIH/Sida





 

lunes 16 de noviembre de 2009

La Visita




Vinieron de otras tierras. Con las miradas fijas en nuestros ojos preguntaron: -¿Cómo soportan tanto dolor en sus cuerpos?... Y descubrieron torbellinos en nuestras almas. Giramos las cabezas, murmuramos. Entendieron: Hay abismos entre sus palabras. Les ofrecimos las más exóticas bebidas (no conocían el agua) y las derramaron en el desierto que nos rodeaba. Probaron, ante nuestra insistencia, los alimentos que nos saciaban y sintieron náuseas ante tanta hambre. Todo pasó en un instante, helada bocanada de aire. Cuando quisimos obsequiarles con nuestro oro, con nuestras piedras más brillantes, habían trazado en el cielo (una atmósfera demasiado gris para ser verano)  las líneas que bordean ese ojo que nos mira fijamente; su pupila es la esfera rota, inmensa, de un reloj que nos indica los eternos segundos que nos restan.
Aquí congregados, observamos, estáticos, con el llanto estrangulado y lo suficientemente separados. Esperamos que retornen los que hace poco vinieron y nos expliquen lo que no entendemos. Todo tiembla, muchos mueren. Se corroen nuestros cuerpos, nuestras ánimas de hierro. Somos los herederos del miedo. Extrañamente, agonizantes, muchos claman: ¡Paraíso, Paraíso!... ¿dónde estabas?... ¿Dónde estás?

SE ES





















Se diluye
Se dilu
Se di
Se
S

Se diluye
diluye
luye
ye
e

Pende temblorosa,
en la hoja,
la última gota.

Septiembre/1998.

domingo 1 de noviembre de 2009

Pasional




Realmente estás entre mis brazos: escuchando mis lamentos, deseando que me quede, creyendo que aún todo es perfecto, añorando los primeros encuentros, esperando que mis labios te besen. Sientes -súbitamente- que mis deseos se apagan y por precipicios descienden, deslizando miembros, destrozando sueños, siendo víctima de tu propio juego. Observas los relieves de la primera sangre derramada en el suelo. Entiendes porqué ya no siento miedo. Llorando más, oyendo menos; mirándome borrosamente aspirar un aire nuevo; sabiendo que entre tus carnes un trozo de metal se pierde. Realmente, me doy cuenta, estás entre mis brazos muriendo.

Sanago, 1985.


sábado 10 de octubre de 2009

Mis nubes


Para leer mientras se mira el cielo...

Mis nubes
hacían el amor

en el celeste cielo
y un orgasmo de lluvia fría
bañaba mi cuerpo vagabundo en la mañana.

Mis nubes
eran naves sin rumbo
perdidas en un mar de vientos helados
que golpeaban sus efímeras existencias:
tan semejantes a la existencia mía.

Mis nubes
se perdían en la distancia de la tarde
mientras el crepúsculo
las maquillaba caprichosamente,
y una cometa arrebatada les hacía compañía
en la inmensidad de arriba
y les contaba sobre mis días
en la inmensidad de abajo.

Mis nubes
-ya llegada la noche-
se hacían transparentes, transparentes
y abrían paso a la distante luz
de una estrella
que en mis ojos sembraba el sueño;
era entonces
cuando ellas cerraban los húmedos ojos,
asustadas por la luna
que me observaba dormir
en el banco solitario
de una solitaria plaza.
Era así
como entre el miedo y el sueño
mis nube y yo
esperábamos el mañana.

NOS CIRCUNDA


En esta corriente
algo nos disipa,
desdibuja,

nos asemeja al agua.

miércoles 16 de septiembre de 2009

Arcadia Belmonte


En la Casa del Alma,

danzan las formas impuras

atadas

a las del génesis,

perfectas.

Retumban los colores Kandinsky .

Maduran los días, los azules,

amarillos de mi infancia, como nísperos,

rojos vivos...

Las estocadas, las convulsiones,

metamorfoseándonos

en otro cuerpo de luz.


En Arcadia Belmonte,

ya no son iguales las horas.

Ha estallado la noche, lo pretérito,

y en nos se adentra la aurora.


"De Dios es el Alma", grita ya el eco que exhala Rasputín.

Nuestros, los leves cuerpos en luz.

Sanago, febrero 2007.

domingo 13 de septiembre de 2009

Dulce mediodía...






En la hora en que todos sonríen
suelo ir en güagüa,
escuchar la radio con audífonos
para evitar molestias,
los ojos muy abiertos
por si revolotea el asombro
sobre este mar pleno.
Lentamente,
se va perdiendo el gusto
del café de hace un rato
en lucha con el sabor del mojo de cilantro
que acompañó el almuerzo;
y los rientes me rodean, conversan.
Entre tantos, a un lado,
veloz pasa algún coche,
conductor de rostro agrio y silente.

Sanago
Mayo, 2000.